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miércoles, 6 de mayo de 2015
El león.
Ojos ámbar, melena dorada. Su pelaje reflejaba el intenso sol de la tarde, desprendiendo destellos áureos. Lo encontré cabizbajo, mas conforme sentía mis pasos dirigiéndose hacia él, levantó la cabeza y me miró fijamente. Aquel hermoso león me atravesaba el alma con su mirada enigmática. Sus ojos del color del ámbar parecían sugerir que me adentrase con él en un nuevo mundo apartado de todo lo que había conocido hasta ahora.
Tenía miedo, no puedo negarlo, tengo mucho miedo. Era un imponente león, aunque hermoso, pero su naturaleza podría acabar traicionándome. Mas, este ser tenía algo distinto y característico que me hizo continuar hacia delante. Me sentía segura bajo su protección, y su pelaje rozando mi pálida tez atravesó por completo mi alma, fue un dolor dulce y agradable, un dolor que aún se perpetúa cada vez que acaricio su melena o sus ojos se clavan en los míos deseosos de devorarme por completo.
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